Momentos previos
Como cada año, el día del Maratón de Sevilla toca
levantarse temprano y este año un poco más al adelantarse la salida en media
hora. Así pues, a las 6 de la mañana sonó el despertador. El día anterior ya
había preparado la mochila y toda la ropa que me iba a poner, así que, me fui
directamente a desayunar. Por muy especial que sea el día, el desayuno no lo
fue tanto y desayuné lo mismo que cualquier día, un zumo de naranja y una
tostada. Eso sí, durante la mañana bebí más agua de lo habitual.
A las 7 vino mi hermano a recogerme y nos fuimos al lugar
de encuentro donde ya nos esperaban el resto de compañeros. El día anterior
había estudiado bien el plano de acceso a los aparcamientos y fue realmente
rápido y fácil llegar. A las 7 y media ya teníamos el coche aparcado y
esperando al resto de compañeros. Una vez todos juntos nos fuimos hacía el
interior del Estadio de La Cartuja para ir cogiendo sitio. Como somos animales de costumbres, nos chocó que el
interior del estadio estuviera distribuido de manera distinta a otros años y no
encontrarnos las sillas que usábamos para cambiarnos. A falta de esto, nos
acomodamos en unas mesas que nos vinieron muy bien para tener la mochila en
alto y no tener que agacharnos.
Habíamos planificado entregar las mochilas en el
guardarropas a las 8 y media y encontrarnos fuera del estadio para calentar
antes de dirigirnos a la salida pero aquí nos encontramos con uno de los puntos
negativos (no han sido muchos) que hemos visto este año en la organización. Cuando
llegamos al guardarropas había una cola tremenda para entregar las mochilas y
mi hernano y yo tardamos 15 minutos en dejar las mochilas , por lo que, a las 9
menos cuarto nos fuimos pitando para la salida. Por supuesto, los compañeros ya
se habían ido del lugar de encuentro y no los encontramos.
Para mejorar el tema del guardarropas sería conveniente
poner a más personal e, importantísimo, entregar junto con el dorsal una
pegatina GRANDE con el número de dorsal. Luego sabréis por qué recalco lo de
grande. Otra de las cosas que no ayudan es tener que meter la mochila en una
bolsa blanca, ya que, se pierde mucho tiempo en meter la mochila en la bolsa,
pegarle una pegatina pequeña y apuntar el dorsal. Como digo, todo eso se podría
haber evitado entregando antes una pegatina grande con el dorsal (que no habría
supuesto nada en el presupuesto) y la entrega de mochilas habría sido mucho más
fluida.
Foto de grupo previa a la carrera |
Una vez entregada la mochila (me cuentan que algunos
corredores salieron del estadio dando las 9 de la mañana) nos fuimos hacia
nuestro cajón de salida. Me sorprendió que no hubiera ningún control de
dorsales a la entrada al cajón aunque los maratonianos sabemos a lo que jugamos
y la mayoría nos colocamos en nuestro cajón de salida. Llegaba la hora de
calmar los nervios y disfrutar del ambiente. Echo una ojeada a mi alrededor por
si veo a alguno de mis compañeros pero no hay suerte. Lo que sí veo es la
cantidad de ropa que empezaba a sobrarle a los participantes y que se iba
amontonando en el suelo. Sólo había que mirar por encima de las cabezas para
ver volar constantemente camisetas de un lado para otro. Porque el tiempo
amenazaba con frío pero, sin embargo, la mañana se presentó bastante cálida.
Había una gran animación en la salida, con los atletas con
las palmas en lo alto al ritmo de la música ambiente como si en un concierto
estuvieran. Un repeluco recorre mi cuerpo, estoy deseando salir, ya se me han
olvidado las dudas que tenía días atrás y sólo espero que suene el disparo de
salida.
La carrera
Dado el pistoletazo de salida nos pusimos en marcha y
apenas tardamos 37 segundos en pasar la línea de salida. Había acordado con mi
hermano hacer una carrera en positivo, es decir, de menos a más. Rondar el
4’45” al principio, antes del km. 10 ponernos a 4’40” y pasado el 30 dar el
resto a 4’30”. Con estas premisas, el reloj en los primeros kilómetros es
fundamental y controlar la euforia mucho más. El km. 1 lo hicimos en 4’50” y,
justo en ese momento, divisamos a unos metros a Juan Antonio, a Polvillo y a
Delicado que han salido en el cajón anterior al nuestro. Nos acercamos, los
saludamos pero vemos que ellos van a empezar algo más fuerte que nosotros y los
dejamos ir.
Pasan los primeros kilómetros y vamos clavando los tiempos
en 4’44”, parece mentira que se pueda igualar los tiempos al segundo kilómetro
tras kilómetro. Salimos de Cartuja dejando atrás la torre Pelli, cruzamos
Triana, Los Remedios, el Puente de San Telmo y el Paseo de Colón con la Torre
del Oro y la Maestranza expectantes por la cantidad de corredores que clavan
sus ojos en ellas. Una vez en Torneo (km. 8) toca subir el ritmo y, sin apenas
esfuerzo, nos ponemos a 4’40”. A partir de aquí iremos manejando un ritmo entre
4’38” y 4’42” sólo salpicado en alguna ocasión por algún 4’30” debido a los
puntos de mayor animación del público.
En el km. 10 estaba mi primer hito, mi primer punto de
referencia. Tenía previsto pasar en 47’30” y lo pasamos en 47’11”. ¡Vamos bien
de tiempo! Más o menos a esta altura recibo un toque de atención de mis
piernas, el tensor de la fascia lata empieza a dolerme. No quiero ni pensarlo
pero temo que me pueda romper en cualquier momento. Es muy temprano para
aflojar y no quiero estropearle la carrera a mi hermano, así que, no le digo
nada a él y continuo al mismo ritmo – hasta que la pierna aguante – me digo a
mi mismo.
Seguimos recorriendo Sevilla pasando por la Carretera de
Carmona, Pio XII, la Macarena, Luis Montoto, Kansas City y San Pablo. En este
punto llegamos a la Media Maratón, la siguiente referencia. Esta prevista en
1h39’00” y la pasamos en 1h38’52”. Seguimos en tiempo y el dolor en el tensor
de la fascia lata empieza a moderarse aunque no se vaya del todo. A estas
alturas, llevamos media carrera viendo el globo de las 3h15’ y Juan Antonio,
Polvillo y Delicado siguen por delante de nosotros a unos escasos 150 metros , lo que nos
anima a seguir a ritmo.
Nos acercamos a la Gran Plaza (km.25) donde llegamos a
ponernos junto a los compañeros a los que volvemos saludar. Palabras de ánimo y
a seguir. En la bajada hacia el Sánchez Pizjuán de nuevo se adelantan unos
metros pero esta vez los seguimos muy de cerca. A partir de aquí empiezan los
kilómetros complicados y empiezo a tener un leve dolorcillo en la rodilla al
que se le une un intenso dolor en el tobillo que se acrecienta en cada paso.
Pasada la Avenida Bueno Monreal y ya metidos en Manuel Siurot, mi hermano
empieza a notar que el ritmo le puede. En un abrir y cerrar de ojos, se está
quedando y me indica que siga para adelante. Miro al frente, y veo que a unos 30 metros tengo a
Polvillo y Delicado y que Juan Antonio se ha distanciado más, así que, subo un
poquito el ritmo y me uno a ellos. Pasamos junto al Benito Villamarín y
enfilamos la Palmera dónde nos espera el km. 30.
Nuevo punto de referencia que tenía previsto en 2h22’00” y
que marco en 2h19’27”. En este punto me vengo arriba porque voy cómodo, pese a
los dolores, y, salvo catástrofe, el objetivo de las 3h20’ está cumplido de
sobra e incluso puedo pensar en las 3h18’ que me marqué como mejor marca
realizable. Mi planificación me dice que a partir de aquí tengo que aumentar de
nuevo el ritmo pero los dolores en las piernas me dicen que espere un poco y
aprovecho los dos kilómetros de avenida para ir replanificando el final. En
este momento, vemos a Gabi con la bicicleta que nos está buscando y escucho
como le dice a Polvillo: - Joaquín está ahí agazapado y en cualquier momento os
da un hachazo. Justamente estaba visualizando lo que quedaba de recorrido para
ver el mejor momento para aumentar el ritmo.
Sopesando el callejeo que tenemos que hacer por dentro del
Parque de María Luisa y la vuelta a la Plaza de España, decido dar el tirón al
salir de ésta para aprovechar también nuestra llegada al centro histórico de Sevilla
donde se presumía una gran animación que me ayudaría a mantener el ritmo alto.
Mientras tanto, disfruto del parque y de la Plaza de España que estaba en todo
su esplendor. Salimos de este oasis y aumento el ritmo para colocarme a 4’30” y
adentrarme por San Fernando hasta Puerta de Jerez donde me espera mi familia
con el avituallamiento que les había preparado (un huesito y bebida isotónica).
Me emociono al verlos pero no hay tiempo para lágrimas, hay que seguir tirando
y comerse los 7 km .
que faltan.
Entrada en la Avenida de la Constitución |
Nos adentramos por la Avenida de la Constitución y, al
paso por la Catedral, hecho la mira a la derecha para deleitarme con tanta
belleza y me santiguo para buscar la ayuda divina en el tramo que me resta
hasta la Meta. Casi sin darme cuenta atravieso la Plaza Nueva, Tetuán, Campana,
Duque, Trajano y la Alameda para salir del centro y de nuevo cruzar el Puente
de la Barqueta que nos devuelve a la Isla de la Cartuja. A la entrada al puente
veo a Juan Antonio a escasos metros y, con el ritmo que llevo, no me cuesta
nada darle caza. Una vez que llego a su altura le saludo, le pregunto como va y
continuamos juntos.
Casi sin darnos cuenta, el cansancio nos puede y bajamos
un poco el ritmo para situarnos a unos 4’50”. Quizás en este momento tendría
que haberme tomado mi último gel pero se me olvida incluso que lo llevo encima,
ya sólo pienso en llegar y en disfrutar de lo que estoy consiguiendo. Cruzando
el Parque el Alamillo, Juan Antonio me pregunta si entramos juntos en Meta, a
lo que le contesto afirmativamente porque no era mi intensión volver a hacer otro
cambio de ritmo. Ya está todo el pescado vendido y sólo nos queda darle el
rodeo al Estadio de La Cartuja y enfilar el túnel de entrada a la pista.
Y aquí llega otro momento de emoción. En la recta final, a
100 metros
de Meta, me acuerdo de mi niño y de mi mujer y les dedico la carrera metiéndome
el dedo pulgar en la boca y besándome la alianza. En un momento de muchísima
emoción en la que te vienen a la cabeza todos los meses de entrenamiento que te
han llevado a conseguir tal éxito. Cruzamos la línea de Meta y paramos el crono
oficial en 3h17’19”. Mi tiempo real baja hasta las 3h16’42”. Estoy viviendo un
sueño, me ponen la medalla y disfruto del ambiente de la Meta haciéndome fotos
en el photocall.
Tras la carrera
Una vez concluida la carrera me adentro en el interior del
estadio y recojo el avituallamiento. La odisea la encuentro de nuevo en el
guardarropas cuando voy a recoger la mochila. Al poner las pegatinas con el
dorsal tan pequeñas a los voluntarios les cuesta muchísimo encontrar las
mochilas, lo que supone que se empiecen a acumular los corredores en las filas
del guardarropas y tengamos que esperar entre 10 y 15 minutos, en el mejor de
los casos, tras llevar 42 km .
en las piernas. En mi caso, yo llevaba una mochila grande que no cabía en la bolsa
por lo que, al recogerla le indiqué al voluntario que buscara una mochila
grande y roja que no tuviera bolsa, y la encontró rápidamente. De lo que no me
libré fue de esperar en la fila mientras encontraban las mochilas de los que
tenía delante. También vi algún caso de atletas que tuvieron que entrar dentro
del recinto de las mochilas para buscar personalmente su mochila porque no la
encontraba el voluntario. Vuelvo a repetir que esto es algo que hay que
solucionar urgentemente para la próxima edición.
Dorsal y medalla |
Tras salir de esta aventura me encuentro a mi hermano que
ha hecho 3h36’, charlo un rato con él y me voy al vestuario a darme una ducha.
Aquí me encuentro otro punto negativo de este año, la poca cantidad de duchas
que había disponibles para tantos atletas. Esta vez tengo suerte y consigo un
sitio en un banco del vestuario, así que, me lo tomo con paciencia y me relajo
rato. A pesar de tomar una ducha rápida me sentó de maravilla. Una vez duchados
los dos, nos acercamos al grupo y comentamos como le ha ido a cada uno y,
llegada la hora de comer, nos disponemos a acudir a la fiesta de clausura del
Maratón.
Y aquí encontramos el último punto negativo de la
organización que es la forma de llegar en coche hasta el aparcamiento de Isla
Mágica donde se celebra la fiesta. Por recomendación de la organización dejamos
el coche en el aparcamiento de las moreras junto al estadio. Como la fiesta
empezaba a las dos, a esa hora aún no se había cerrado la Meta, por lo que,
había que salir del aparcamiento por la puerta norte. Esa puerta te obligaba a
salir a la Ronda Norte y una vez en la ronda ya no había manera de volver a
entrar en la Cartuja para ir a comer. Intentamos entrar por todos los accesos
posibles y nos fue imposible. Al final tuvimos que esperar a las tres de la
tarde a que abrieran los accesos para poder acceder. Y cuando llegamos allí lo
que había para comer era ensalada de pasta y, como no nos gusta a ninguno de
los dos, terminamos comiendo en el McDonald.
Conclusión
Excelente carrera, a nivel personal no puedo pedir más
porque cumplí con creces los objetivos pero quizás me hubiese gustado que
algunos de mis compañeros hubiesen tenido más suerte, incluido mi hermano, que
llevo dos años saliendo con él y sin terminar juntos. Y tres puntos que
mejorar, el guardarropas, las duchas y el acceso a la fiesta de clausura en
coche. Todo lo demás, de lujo.
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